Por Woody Allen Traducción de Ramsés Ancira a partir de la publicación del New York Times el 9 de febrero de 2014 Hace 21 años cuando escuché por primera vez que Mía Farrow me había acusado de abuso sexual a menores, encontré la idea tan ridícula que ni siquiera me detuve a reflexionarlo. Habíamos estado inmersos en una ruptura terriblemente llena de mordacidad, con gran enemistad entre nosotros y en una batalla por la custodia que estaba desgastando lentamente toda energía. La obvia transparencia de su maldad parecía tan evidente que ni siquiera consideré la necesidad de un abogado que me defendiera. Fue mi representante legal en materia de espectáculos quien me dijo que estaban llevando la acusación a la policía y yo necesitaría un penalista. Ingenuamente pensé que la acusación se le escurriría entre las manos porque, por supuesto, yo no había abusado de Dylan y cualquier persona racional vería para que era una estratagema. El sentido común debería prevalecer. Después d...