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lunes, 25 de junio de 2007

Amadeus, La Revancha de Salieri

Para acabar de complicar la mala fama que le dieron escritores rusos y el director checo Milos Forman, la única imagen conocida del maestro de Mozart, Antonio Salieri, es bastante desfavorable.

La revancha de Salieri
SALIERI vs. MOZART


Nota del editor: Aunque estrictamente esta hoja no está dedicada a la película Amadeus, un clásico de los videoclubes, no quisimos desperdiciar este envío de monografías.com para tratar de hacerle justicia al calumniado Salieri. También para recordar que en Azul, película de la trilogía de Kiezlowski que complementan Blanco y Rojo hay una impactante obra sinfónica para conmemorar la unificación europea. Ahora resulta que ya hace más de 200 años este "enemigo" de Mozart había homenajeado musicalmente al viejo continente.

Si algo faltaba para convertir al gran compositor italiano Antonio Salieri en el rival mediocre de Mozart, fue la película Amadeus, dirigida por Milos Forman a partir de un guión del dramaturgo Meter Schaffer, que apareció en 1984 y cosechó la mayoría de los Oscar de 1985. Autor de éxitos como Atrapado sin salida (1975) y Harry Flynt, el nombre del escándalo (1996), el cineasta checo Milos Forman- radicado en los Estados Unidos desde 1968, cuando los tanques soviéticos arrasaron con la Primavera en Praga-, traza en Amadeus un perfil de Mozart según la mirada despiadada de Salieri, un voluntarioso y mediocre músico de corte, que despreciaba tanto al más precoz de los compositores como veneraba su música. Sin mostrar al verdadero Salieri- nacido en Verona en 1750 y autor de más de 40 óperas, conciertos y música de cámara y sacra – la película recrea la hipótesis de una relación de una relación patológica que unió al joven Mozart y a un Salieri atormentado, sobrio y sombrío- interpretado por Murray Abrahams-, dispuesto a quitarse la vida bajo el peso de la culpa de haber asesinado al rival que lo eclipsaba en la corte.
El 7 de diciembre se vivirá un gran acontecimiento para la cultura musical con la reapertura del teatro La Scala de Milán tras más de dos años de obras de restauración.


El máximo templo de la lírica mundial volverá a sus antiguos esplendores con la ópera La Europa reconocida, con la que el teatro fue inaugurado en 1778. El maestro Ricardo Muti, quien dirigirá la ópera en cuya preparación está trabajando un verdadero ejército de artistas y artesanos, dijo que la ocasión era propicia para rendir un homenaje a Antonio Salieri, uno de los más grandes músicos europeos.


"Salieri merece todo nuestro homenaje no sólo porque su Europa reconocida inauguró La Scala hace 236 años, sino porque su repertorio es extraordinario", Muti agregó que el talento fuera de lo común de Salieri se revela "en sus armonías y la complejidad orquestal que en nada tienen que envidiar a Mozart."


Pocos músicos han recibido tamaño elogio. Para la gente común es algo insólito, porque Antonio Salieri es conocido en nuestra época sobre todo por una leyenda negra que recibió su último impulso con el filme Amadeus, de Milos Forman. Filmado en 1983 y difundido el año siguiente, Amadeus era un retrato de Mozart que fue considerado un capolavoro cinematográfico.
En la trama de la película, es precisamente un viejo y decrépito Antonio Salieri – muy bien interpretado por el actor Murray Abraham el narrador de la historia, que revela un terrible secreto: Salieri - Abraham confiesa que fue él, envidioso del talento del joven austriaco, considerado el más grande genio musical de todos los tiempos, quien lo asesinó envenenándolo lentamente. Esta es una versión falsa, por lo que Antonio Salieri puede ser considerado también uno de los artistas más difamados de los últimos siglos.


Pero es cierto que su vida estuvo intimamente ligada a la de Wolfang Amadeus Mozart, de quien fue maestro de canto y composición. En la Europa del siglo XVIII, el llamado siglo de las luces, se vivió un momento mágico de extraordinaria creatividad musical, cuyo centro de gravedad fue la Viena de los Habsburgo. La historia de Salieri, de su talento pero también de la leyenda negra que lo ha perseguido tras su muerte obliga a trazar un cuadro de aquella época apasionante.
No hay que olvidar que en el último cuadro del 1700 se reprodujeron dos de las grandes revoluciones que modelaron nuestra vida contemporánea: las de EE.UU. (1776) y Francia (1789), que cambiaron la historia para siempre.


Salieri nació el 18 de agosto de 1750 en Legnago, una pequeña ciudad fortificada que estaba bajo dominio de La Sereníssima República de Venecia, hijo de un comerciante de granos y hermano de Francesco, un afirmado violinista que también tocaba el clavicémbalo, pariente del piano, y que seguramente fue su primer maestro.


A los 16 años Salieri fue a continuar su educación a Venecia, en la residencia del noble Giovanni Mocenigo, amigo de su padre, donde respiró un ambiente cultural pleno de estímulos e importantes oportunidades.


Aquella era una época de notables fermentos culturales y políticos, en la que se vivía el ocaso de las monarquías absolutas fundadas en el derecho divino. Florecían formas de monarquía iluminada donde los gobernantes se inspiraban en los nuevos ideales de su tiempo. Una buena parte de Italia pertenecía entonces al imperio de Austria.


La emperatriz Maria Teresa recibe hasta hoy homenajes en la península por su buen gobierno. La sucedió su hijo Josef II de Habsburgo, quien prefería un absolutismo moderado. Josef redujo los poderes de la aristocracia y el clero, fue un gran mecenas de las artes y promovió reformas inspirándose en el iluminadísimo que alcanzó la cumbre con la Enciclopaedya que hacía bullir las mentes de la Francia pre-revolucionaria.


Estas agitaciones sociales golpearon en pleno también la imaginación de los músicos que se estaban formando y que acudían a Viena porque la sentían con razón como la capital de Europa. Los Habsburgo promovieron la ópera italiana y echaron las bases para el nacimiento del teatro nacional alemán.


En la corte trabajaban los mejores poetas y músicos. Italia es una patria de la música, que hasta hoy habla básicamente en italiano. De Italia vino la escala musical, inventada por un monje. O la invención del pianoforte, que conocemos como piano. En el siglo XVIII de Antonio Salieri y Mozart se fabricaban también en Italia los instrumentos de cuerdas de la escuela de Cremona. Al respecto bastan los nombres de dos supremos artesanos: Stradivari (que firmaba Stradivarius) y Guarnieri del Ges, que fabricaron los mejores violines, violas y violoncellos, hasta hoy considerados inigualables.


A los músicos italianos, como a los arquitectos, se los disputaban en toda Europa.
Venecia era una verdadera usina de cultura. En la ciudad de los canales, que vivía una gran prosperidad, Salieri pasó un momento muy intenso de su juventud. Allí conoció al músico de Bohemia Florin Gassmann, influyente compositor de la corte de Viena, que quedó impresionado con su talento y lo invitó a trasladarse a la capital austríaca. Antonio aceptó. Gassmann lo sometió a un duro aprendizaje metodológico.


Durante los ensayos de música de cámara conoció al emperador Josef II, que era hermano de Maria Antonieta, la reina de Francia que terminaría decapitada por la guillotina revolucionaria, compartiendo el destino trágico de su marido Luis XVI.

Otros dos encuentros fundamentales para Salieri fueron el principal compositor de la época, Gluck, y el poeta Metastasio, con quien Salieri tomó clases de declamación. En 1770 Salieri compuso su primera ópera, Las mujeres literatas, a la que siguieron numerosas composiciones.
La consagración llegó con La feria de Venecia, representada en toda Europa, que Antonio realizó bajo la inspiración del estilo de Goldoni con un retrato de las clases sociales venecianas y en el marco ópera buffa o cómica.


En 1774 murió Florian Gassmann y el emperador nombró compositor de corte a Salieri, a quien confirió el título ambicionado de Kapellmeister, maestro de capilla, de la ópera italiana.
Antonio componía febrilmente.


A las óperas siguieron, entre 1770 y 1778, la mayor parte de los conciertos, sinfonías y composiciones de cámara.


Salieri no se limitaba a componer y tocar música. Fue también un gran docente, profesor de Mozart, de Beethoven, de Liszt y Schubert, entre otros grandes músicos. Beethoven, agradecido, le dedicó tres sonatas. La vida de Salieri se cruzó muchas veces con el niño prodigio de Salzburgo, hijo del famoso maestro de música de corte Leopold Mozart.


Con una precocidad que muchos consideraban de origen divino, Amadeus había compuesto ya a los 20 años óperas, sonatas, conciertos y misas solemnes. En 1784 a los 28, entró en la masonería.


Compuso para la Logia a la que pertenecía algunas de sus obras más legendarias. Joseph Hadyn le dijo un año después a Leopold, en una reunión masónica
: "Delante de Dios y como caballero, le aseguro que no hay en el mundo un músico mejor que su hijo": Salieri admiraba a Mozart y dirigía sus obras, aunque maestro y alumno chocaron algunas veces.


Salieri era considerado el músico más prestigioso de la Corte. Pese que tras la muerte del emperador Josef II, su hermano Leopold que lo sucedió en el trono de Austria mostraba menos sensibilidad musical y lógicas preocupaciones por las guerras y el deterioro de la situación económica, Salieri continúo con su actividad frenética. En 1791 se estrenó La flauta mágica y Amadeus escribió su concierto para clarinete. La ópera se convirtió en la más amada de las del género teatral y Salieri no le escatimó elogios. Mozart le escribió en una carta a su mujer, Constanza (con la que tuvo 6 hijos) que agradecido estaba hacia el maestro italiano. Pero ya en un viaje a Praga Mozart se había sentido mal. Estaba muy enfermo de los riñones, padecía unas fiebres reumáticas. En noviembre compuso y presentó una cantata masónica y trabajó cotidianamente en el Réquiem que no pudo terminar porque el 5 de diciembre de1971, cinco minutos antes de la una de la mañana, murió.


La carrera de Salieri en la corte de Viena prosiguió muchos años más.


En 1804 era la personalidad más reconocida del campo musical europeo. Su mujer Teresa le dio 8 hijos, la mitad de los cuales sobrevivieron. En 1824 fue jubilado e internado en un hospital donde pasó el último año de su vida, paralizado, sin poder moverse ni hablar: Murió el 7 de mayo de 1825 y recibió los grandes funerales y el reconocimiento que merecía.


La leyenda negra de Salieri existía desde la muerte de Mozart, pese a que numerosos personajes de entonces demostraban que era falso. Cinco años después de la muerte del maestro italiano, el célebre escritor ruso Aleksandr Pushkin publicó un libro que alcanzó gran difusión, Mozart y Salieri, que avalaba la hipótesis de un Salieri envidioso del talento de Mozart. Años después, otro ruso famoso, el compositor Nikolai Rymski Korzakov, se basó en el libro de Pushkin en la ópera del mismo título: Mozart y Salieri, que contribuyó también a la campaña de difamación del italiano.


Un siglo después, el filme Amadeus de Milos Forman reavivó la leyenda negra de Salieri, aunque las investigaciones demostraron que nunca fue envidioso de Mozart y mucho menos contribuyó a su muerte. Por eso la decisión del teatro La Scala de Milán de reabrir sus puertas con la Europa reconocida el 7 de diciembre, suena como una justa reivindicación de la memoria y el honor del maestro de Legnago.

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