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miércoles, 13 de junio de 2007

Batman. El Futuro que ya es Presente, visto desde el Pasado




Artículo
Título Original:
¿Santa tecnología, Batman?
por César Salazar*





Estoy casi seguro que todos ustedes vieron alguna vez la serie de Batman protagonizada por Adam West. Si la vieron y tienen buena memoria, sobran descripciones, pero en caso de que algunas de sus neuronas estén recubiertas con Teflón (gracias DuPont), les daré una recordadita: En la citada serie, Batiprotagonista era un tipo un poco regordete, su fiel compañero usaba medias de Lycra (gracias Dupont otra vez), y en las peleas aparecían onomatopeyas coloridas por todos lados; un “Pooow” por aquí, un “Craaash” por acá y un “Baaam” por allá”. ¿Ya se acordaron?


Pues bien, tengo que confesar que la serie me gustaba mucho, quizá porque cuando la veía tenía alrededor de 9 años. Me fascinaban todos los artilugios que el murciélago sacaba de su cinturón como si fuera el mismísimo sombrero del Mago Frank. Todos y cada uno de los capítulos eran muy emocionantes para su época, pero sobre todo para la mía.


He tenido la oportunidad de sentarme a ver la serie en un par de ocasiones recientemente y no he parado de reír. ¡Todo se ve tan falso!


No sé si recuerden el siguiente detalle, pero es el que me parece más absurdo. En la baticueva, nuestros superhéroes tenían orgullosamente una serie de supercomputadoras cuyas capacidades serían envidiadas por algunos desarrolladores de tecnología de hoy. Los ordenadores eran unos enormes y ferrosos cachivaches plagados de lucecitas por todos lados y tenían cada uno una función muy específica como la de “Bati-analizador-de-comida”.


La dichosa máquina se controlaba mediante unos enormes y escasos botones y se alimentaba de información si se ponía cierto alimento dentro de una bandeja al estilo de un viejo horno. Después de esperar tan solo unos segundos, se podía observar la impresión de un elegante ticket donde venía una respuesta que rezaba algo así como: “Hamburguesa doble con queso, producida el día de ayer en el restaurante Francis”.


Al obtener la respuesta, nuestros amigos se veían el uno al otro, hacían algún perspicaz comentario (¡Santos restaurantes de comida rápida, Batman!) y se dirigían inmediatamente al otro lado de la sala para hacer uso del “Bati-buscador-de-restaurantes”, una máquina muy similar a la antes descrita.


¡Qué risa! Pareciera una parodia muy bien producida, sin embargo la realidad es que el encapotado y el joven maravilla nos muestran la visión tecnológica de nuestra civilización hace poco más de 40 años. La baticomputadora era una concepción futurista de lo que el ser humano creía que lograría algún día. No había exageraciones, eran sus más puros anhelos cibernéticos hechos serie televisiva. ¿Se habrán equivocado del todo?


Hoy en día las computadoras más avanzadas no son del tamaño de una lavadora, ni tienen lucecitas, ni entregan resultados en tickets, ni mucho menos están dedicadas a realizar tareas únicas. Tampoco tienen la capacidad de darnos información sobre una hamburguesa si la metemos en la bandeja. No obstante, las funciones existentes en el presente sobrepasan la ficción. Una búsqueda similar hubiera incluido sistemas de posicionamiento global (GPS), mapas fotográficos satelitales, aplicaciones de comercio electrónico, planeadores de recursos empresariales (ERP), sistemas de inteligencia de negocios (BI), se hubieran podido ejecutar desde una Blackberry y hubieran permitido al dúo dinámica disfrutar de su comida favorita, en su lugar favorito, en el menor tiempo y al mejor precio (y tal vez incluso atrapar al villano).
El tema me parece fascinante.


Hace unos días me encontré en Internet una ilustración de Jean Marc Cote hecha en 1899 en la que representa lo que para él sería el correo en el año 2000. En la imagen (reproducida en la parte superior) está representado un artefacto bastante revolucionario para la época: una motocicleta voladora que sirve como vehículo para entregar la correspondencia (en 1899 todavía no se lograba el primer vuelo piloteado). Al igual que con la baticomputadora, su creador estaba utilizando los paradigmas de la época para describir el porvenir.


En el siglo 21, el correo se distribuye en su mayoría de manera electrónica a través de avanzadas redes de telecomunicaciones y robustos sistemas de información, por otro lado los aparatos voladores no se han popularizado de esa manera y además, no le hemos encontrado valor alguno al hecho de entregar el correo en la ventana en vez de hacerlo en la puerta principal.
¿Entonces, estaban completamente equivocados?


El hecho de que se representen inquietudes como optimizar la entrega de correo, facilitar la transportación aérea, tener bases de datos que arrojen información relevante o determinar posicionamientos geográficos a partir de información no estructurada nos da una buena pista. En aquellos días existió gente que identificó áreas de oportunidad tecnológica y atacó los problemas de la forma adecuada al grado de convertir la idea de una lavadora con lucecitas y tickets en un teléfono celular con acceso a correo electrónico.


No todos estaban equivocados.


La respuesta está en aquellos que se liberaron de los paradigmas del pasado y sentaron nuevas bases de pensamiento. Aquellos que se permitieron crear su presente en términos de su futuro, de su imaginación, y no solamente se basaron en lo ya existente. Bien decía Albert Einstein que es más importante la imaginación que el conocimiento. Dicho de otra forma, para crear el presente es más importante el futuro que el pasado.


Así pensamos en DynaWare. Nos dimos cuenta de que la forma en que se estaban diseñando los sistemas de información obedecía a los paradigmas pasados. Nos enfocamos en derribar las barreras establecidas por nuestros predecesores y empezar desde cero. Las soluciones a las que llegamos simplifican la operación de las empresas no por ser avanzadas y aceleradas formas de hacer lo que la humanidad ya sabía hacer, sino por cambiar la operación fundamental de nuestros clientes y ayudarlos a llegar a dónde ni siquiera ellos habían imaginado.


*El autor es Gerente de Calidad e Innovación de DynaWare y su alter ego es un visionario que genera la tecnología que será consumida por la humanidad en los próximos años…¡Santos alter egos, Batman!

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