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domingo, 18 de noviembre de 2012

Rosauro Castro, retrato cinematográfico del PRI

Pedro Armendariz (Actor)  y Roberto Gavaldón (Director)  sumaron no solo talentos artísticos  sino recursos económicos para producir esta película que es la más fiel caracterización del Partido Revolucionario Institucional que se haya hecho en la historia. Caracterización que solo podría competir con la de  ogro filantrópico como describió Octavo Paz a uno de los partidos más nefastos y de poder más prolongado en la historia política del planeta.

Pedro Armendariz tenía tanto interés en demostrar los mecanismos de agandalle del Partido en el Poder, que no dudó en autodestinarse  el papel de un sujeto despreciable pero para nada maniqueo, capaz de amar a su hijo casi tanto como al poder absoluto.

Considerada en el sitio 63 de las 100 mejores películas en la historia del Cine Mexicano, Rosauro Castro fue dirigida por Roberto Gavaldón, quien también es el autor de otro de los grandes clásicos La Rosa Blanca, donde describió los abusos de las compañías petroleras extranjeras y tocó tangencialmente las razones de la expropiación.

Macario, también de 1960, nominada al Oscar como mejor película no hablada en inglés, es otro referente mejor conocido para dar una idea de la importancia de Rosauro Castro, cinta con influencias del neorealismo italiano y el expresionismo Alemán.

La escenografía de Gunther Gerszo y la fotografía de Raúl Martínez Solares, con cámaras operadas por  Manuel Gómez Urquiza y Cirilo Rodríguez, también son de acreditación obligatoria.

Obsérvense las siluetas de los jinetes recortando el horizonte y la escena de la madre cuyo hijo fue asesinado por postularse a la presidencia municipal encarando al presunto asesino mientras retrocede con su caballo y seguramente habrá consenso en que estamos ante una de las grandes imágenes en movimiento de la cinematografía universal y que solo en México pudo haberse ideado algo así.

Una voz en off al principio de la historia nos revela que es el mismo pueblo el que cuenta su historia y que este puede estar ubicado en cualquier parte de la geografía mexicana. Cualquiera gobernado por el PRI, o lo que lo mismo, todo punto a lo largo y ancho de los dos millones de kilómetros cuadrados puesto que no había otro gobierno posible en México en 1950.   

La debilidad gubernamental para enfrentar los cacicazgos, a pesar de los esfuerzos de algún abogado comprometido con el derecho, obligan a José Revueltas, uno de los guionistas de Rosauro Castro a plantear la historia como drama griego. La maldad será la única posibilidad de castigo para el villano, solo tiene que transitar en la dirección correcta.

Hay imágenes que son un editorial en si mismas: El cartel del hombre que aspira a convertirse en presidente municipal que es cubierto por el de una compañía de títeres, ni mas o menos que la famosísima de Rosete Aranda, para luego presentarnos al auténtico presidente municipal interpretado por Carlos López Moctezuma que también es un títere multiusos, entre cuyas funciones figura la de alguacil que hace rondines por el pueblo.

Rosauro Castro es una película de visión obligada para los estudiosos del cine, la política, la sociología y la antropología del poder, pero podrá ser disfrutada por cualquier aficionado a las buenas historias.

La empresa Netflix ha logrado rescatarla y se encuentra en su catálogo de películas clásicas, junto con filmes como Cleopatra

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