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martes, 19 de mayo de 2015

Genaro. Novela de la Historia Reciente. (Borrador del Prólogo)

No me pregunten si soy un espíritu o un fantasma. Lo que puedo decirles que hasta hace 60 palabras era inmaterial, pero cuando alguien escribió la G con la que empieza mi nombre, Genaro, empecé a materializarme para contarles esta historia, mi historia.
No se sorprendan, no hay nuevo en esto. Si tienes luz del sol iluminando estas páginas no es la de ahorita, fue emitida hace unos ocho minutos. Es algo de lo que llegamos a conversar cuando estábamos en la montaña, tan tranquilos a pesar de que parecíamos estar escondidos, no de los soldados que nos buscaban, sino de los meses a la sombra que nos esperaban si llegaban a atraparnos.
Si hubieran llegado por nosotros nos habríamos rendido sin hacer un solo disparo a pesar de que teníamos con qué defendernos. Esa era la instrucción que tenían todos los muchachos que nos acompañaban y a diferencia del grupo de Lucio todos estaban de acuerdo. Nosotros no matamos soldados. Son campesinos, son el hijo de Lupe, el sobrino de Julián, el primo de Mario, el tío de ese chilpayate ¿cómo se llama? ¡Ah condenado chamaco! ¿Cómo se llama? ¡Lo tengo en la punta de la lengua!... ¡Ah jijos! ¿Pues cual lengua? Se me olvida que hace ya cuarenta y tantos años que me mataron.
Pero no crean. ¿Cómo explicarlo? De niño conocí a un señor que se quejaba de que le dolía el codo. Así decimos en México a las personas que son avaras, que “les duele el codo”, pero no es eso lo que quiero decirles. El caso es que esta persona no tenía codo, ni brazo. Un muñón, apenas debajo del hombro. Se lo habían cortado porque se le estaba gangrenando luego de recibir el  disparo de una bala que nadie le supo sacar.  Pero el juraba que le dolía el codo, o por lo menos le ardía ¿bueno al menos le creeríamos si nos decía que tenía una intensa comezón? Poquito antes de recibir el tiro, nos dijo, lo había picado un jején.
Así que yo no tengo ese nombre en la punta de la lengua porque no me encuentro la lengua. Lo que sí puedo sentir es el cráneo hundido por la culata del rifle que me desconectó de la vida. Aún me duele un poco después de 43 años y varios meses, quizá porque fue la última parte de mi epidermis que estuvo en contacto con un objeto antes de que se desconectara la conciencia de mi vida.
Si la luz del sol que vemos antes de ocultarse en el horizonte fue irradiada hace ocho minutos, la de muchas de las estrellas que yo vi, (y las que usted verá esta noche, o la siguiente, si cree en esa idea romántica de que los muertos habitan en alguna estrella) puede pertenecer a cuerpos celestiales que ya han desaparecido en una supernova o…
Espere un poco, no sea incrédulo. ¿Por qué está pensando que qué  sé yo de supernovas y de la velocidad de la luz y de estrellas fantasmas? Se le olvida que  fui ¡que soy un maestro titulado! Disculpe, no tiene por qué saberlo. Hay retratos que son engañosos y tal vez en los que usted conoce sólo puede recordarme con la ropa que sólo se puede usar cómodamente en una montaña. Desengáñese, también supe lo que es una corbata y no vaya a creer que sólo la usé para la foto de mi título.
¿En qué estábamos? Ah, sí. Discúlpeme por favor. Como le iba diciendo hace exactamente 631 palabras yo no tenía materia, pero luego alguien tecleó una G y luego una E y después N A R O y sacó del olvido la foto que Armando Salgado le pidió a uno de mis muchachos que nos tomara con la cámara que llevó el día que le di una entrevista; y antes platicó con la mujer más inteligente del mundo, maestra también, con la que me casé y me guarda en la memoria con más fidelidad que nadie.


La memoria es intangible, la historia queda atrás cada micra de segundo. Todo es relativo y sin embargo hay algunas cosas constantes, al menos constantes hasta que un nuevo Einstein no descubra otra cosa.
Un rayo de luz hiere una película y se graba una imagen. No hay nada más rápido que la velocidad de la luz. La luz es onda y es partícula. La materia no se crea ni se destruye, solamente se transforma.
Pero antes de transformarse deja una huella y si tenemos cuidado podremos conservarla por suficiente tiempo en una fotografía, en el campo magnético de una cinta de audio, en una película.
No hay nada menos recuperable que el tiempo. Es relativo. Cuando el compositor y astrónomo William Hershel, descubridor de Urano, conversaba con su hijo John, le platicó esta historia que ya les he referido sobre la luz que vemos de estrellas desaparecidas.
John Hershel hizo experimentos con tiosulfato de sodio, los cuales fijaban las sales de plata. Siglos antes científicos chinos y árabes habían inventado cajas de luz que permitían proyectar imágenes del exterior a espacios cerrados. Lo que descubrió el hijo del compositor y descubridor de Urano se lo comunicó a su amigo Daguerre quien empezó a fijar imágenes a las que John Frederik William Hershel bautizó como fotografías, también acuñó los términos “negativo” y “positivo”.
Prácticamente  cien años después de la muerte de John Hershel, Armando Lenin Salgado me visitó en la montaña y me tomó muchas fotografías que después de mi muerte quedaron prácticamente olvidadas…hasta que un amigo de Armando empezó a difundirlas por todas partes con el apoyo de un sistema que viaja a la velocidad de la luz, el Internet.
Entonces yo, que descanso plácidamente en un cementerio de preciosa vista en un Edén que ha permanecido prácticamente a resguardo de los sembradores de amapola y otros criminales organizados empecé a materializarme en una fotografía por aquí, en un documental por allá, en un artículo de prensa más aca.
La paz y prosperidad que disfrutan en 2015 los habitantes de San Luis Acatlán, en el sangriento estado mexicano de Guerrero no es casual. Es un proceso histórico que yo continué, pero no inicié.
Cierto es un efecto mariposa al que pude haber contribuido cuando invertía mi exiguo salario en alquilar dos películas que se proyectaban en un inmueble de mi pueblo que yo alquilaba ex profeso para ello.
Pero aún antes, con más inteligencia que violencia Los Cívicos lograron reducir el poder de los caciques y dar una vida mejor a los campesinos. Y mis herederos, ya en el Siglo XXI han organizado para evitar atracos autorizados por la Secretaría del “Medio Ambiente” que hubieran acabado con la poca arena del río y quien sabe que desequilibrios hubieran causado.
¿Medio Ambiente? A mí no me culpen por favor. ¿Qué clase de eficiencia puede tener un gobierno que ni siquiera puede nombrar una dependencia sin redundancias? ¿Acaso el medio no es el ambiente?
Si en algo tan sencillo no puede haber coherencia ¿Cómo van a combatir a criminales armados con lanza cohetes? ¿Cómo al hambre si se sustituye la producción con despensas? Si la riqueza mineral se regala  en piedra bruta al extranjero; si a 150 años de que Marx y Engels dijeran que al menos en el transporte público el Estado debería mantener el monopolio para que la clase obrera pudiera transportarse a trabajar, y lo ceden a particulares que matan en el “Metrobus” a mil por ciento más pasajeros y peatones que en el Metro que sí permanece como servicio público ; si en un país de dos millones de kilómetros cuadrados la mayoría de la gente apenas conoce su delegación o municipio ignorando que desde Sonora a Yucatán hay vestigios de algunas de las civilizaciones más antiguas del mundo, tan antiguas o más como las que dejaron huella en Altamira o las cavernas francesas…

Tal vez ya me esté materializando demasiado. Esto debe ser una novela y no un ensayo de teoría política. Si no te has cansado demasiado, yo soy Genaro y esta es mi historia.

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