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viernes, 26 de junio de 2015

Spare Parts/Los inventores


Si alguien le hubiese creído a Donald Trump cuando dijo que lo peor de México es lo que llega a los Estados Unidos, sería una razón más por la que no se debe perder esta película. Una historia de la vida real es la de Rosario Marín, egresada de una secundaria técnica de una de las zonas  marginadas de la Ciudad de México, Iztapalapa, quien llegó a ser Secretaria del Tesoro de la Casa Blanca; esta de Los Inventores, también es una historia real. No sólo eso, sino que inspiró el programa Dreamers que mitigó el hostigamiento  a los jóvenes indocumentados que estudian en Estados Unidos.

Muchas lecturas pueden darse de esta película, políticas y cinematográficas, pero para no quitar algo al espectador, que pudiera alterar las emociones que le cause la proyección, quisiéramos anticipar aquí que la historia confirma sin exageraciones el talento de los mexicanos para resolver complicados problemas, con ingenio, cuando no se tienen recursos. Es también una película sobre el oficio y el arte de enseñar, sobre la obligación que tenemos todos los adultos de ser padres adoptivos de todo joven que nos necesite.

George López, interpreta a Fredy Cameron un maestro que se parece  mucho, en lo físico y en su conducta a  maestros que imparten diversos talleres en escuelas activas de Iztapalapa. Escuelas en las que precisamente se aprende a través de proyectos específicos: física, elaborando helados; literatura, representando papeles de obras teatrales; los elementos químicos con composiciones literarias; inglés, con situaciones que se pueden presentar en la vida real y civismo con simulacros de voto (por cierto, en este último ganan Morena y el PRD)

Jamie Lee Curtis, actriz adorable, representa a Karen Lowry quien como muchos maestros mexicanos se desprende de parte de su sueldo para solventar necesidades de las que no provee el Estado. Aquí en México, y me consta porque lo he atestiguado personalmente, para ponerle suelas al zapato de un niño o para comprar papel higiénico para los baños.

En Los Inventores como en la vida real en México, uno de los mayores problemas que tienen los maestros son los padres. Aquí y en Estados Unidos los maestros necesitan decirle a los padres los enormes potenciales de sus hijos, cómo resolver carencias mínimas, y de qué manera pueden complementar en casa lo que se da en la escuela.

Pero resulta que estamos demasiado cansados, demasiado ocupados con el pago de la renta, o de la hipoteca, o de la luz o de llenar la despensa (que los adolescentes agotan con rapidez inaudita) como para todavía tener que lidiar con  quejas o cooperaciones adicionales que nos piden los maestros.

La historia de Los Inventores está basada en el artículo La Vida Robot, así, en español, publicada en Wired Magazine, así, en inglés. La dirige Sean Mc Namara, quien se ha especializado en cintas de corte familiar. Es interesante como gracias a una publicación tecnológica, algunos políticos de Estados Unidos se dieron cuenta de la estupidez que representaba expulsar a jóvenes que son precisamente lo que mantiene el sueño americano.

El senador Dick Durbin se encargó de que uno de los inventores de los que habla esta película, honrado por el propio presidente Barack Obama, pudiera regresar a Estados Unidos luego de que lo expulsaron 11 meses a México.

Por supuesto este muchacho, que debió ser acogido con los brazos abiertos por el gobierno mexicano y las autoridades educativas, no fue reconocido y todavía tuvo que perder varios meses de su vida en Afganistán antes de que le otorgaran la ciudadanía, no por su talento como inventor, sino por vestir el uniforme de soldado


Entre las peculiaridades de la historia se halla el hecho de que los jóvenes se proponen construir un robot submarino, cuando ni conocen el mar ni tienen acceso siquiera a una alberca. El ingenio de los mexicanos nos es recordado frecuentemente por los buenos lugares que ocupan en los certámenes internacionales de robótica; pero hay otras fuentes para que "nos la creamos".

Horas antes de ver la película y escribir esta reseña leí este textohoy en día decir en Reino Unido ‘soy mexicano’ es sinónimo de gente talentosa, trabajadora y perseverante. Quien sabe si será por orgullo pero los mexicanos nunca decimos ‘no sé’; si no lo sabemos, lo investigamos y aprendemos, pero no nos rajamos”.


Se trata de la historia de Teresa Alonso Rasgado, una mexicana que fue becada por el Conacyt para estudiar en la Universidad de Manchester. Ella se juró que sólo permanecería 3 años en el Reino Unido pero después de 20 no la dejan regresar a México. No sólo fue porque les caigan muy bien los mexicanos, sino que su trabajo le interesó a la industria y la industria le hace importantes donativos a la Universidad de Manchester. 

La Mexicana que enamoró a Manchester

Una historia que Donald Trump no conoce, y de verdad, ojalá la conociera y la reconociera, quizá así habría más esperanzas de que no repitiera un Bush en la presidencia de Estados Unidos.





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