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martes, 26 de enero de 2016

Orgasm.Inc El negocio del orgasmo

Orgasm.inc o el tratamiento de la anorgasmia como enfermedad orgánica

 Por Ramsés Ancira

- Ahí doctor, ahí
- ¿Qué pasa, le duele?
- No doctor, al contrario. No se que me está haciendo, pero siento delicioso.

Más o menos con esas palabras inicié hace años un artículo sobre un aparato inventado por el médico cirujano Stuart Meloy. Le llamó Orgasmatrón.
Se trataba de un invento que se colocaba en la parte baja de la espina dorsal, a la que se mandaban pulsos eléctricos con un control remoto.

Entusiasmado por su invento empezó a hacer pruebas clínicas, para saber si se repetía la experiencia de su primera paciente.  Una de las personas que se prestó al expeerimento, Charlotta, quien se sentía infeliz porque no podía tener orgasmos en sus relaciones maritales se colocó el aparato y permitió a la documentalista Liz Canner filmar la experiencia.

El Orgasmatrón no le funcionó a Charlotta, en lugar de sensaciones placenteras. tenía la de que le pateaban la espina dorsal mandando un impulso eléctrico a una de sus piernas.


La operación, informa la documentalista en un gráfico, tenía el riesgo de provocar una fuga del fluído cerebro espinal, hemorragia epidural y esto llevar a la parálisis ¿A cambio de qué? de placer.

Todo empezó con el éxito del Viagra. Por X, Y o Z los hombres perdemos  la capacidad de tener erecciones. Nuestra cultura sexual nos dice que sólo con la penetración a nuestra pareja podemos darnos y darles satisfacción sexual.
El Sildenafil fue el primer medicamento que favoreció una mejor irrigación sanguínea al pene, e inhibir que se perdiera la erección. Médicamente se sabe que la irrigación sanguínea de los genitales favorece su lubricación y sin lubricación no hay orgasmo femenino.
De manera que si las mujeres no lograban lubricarse tenían  disfunción sexual femenina, en consecuencia se debiá tratar el tema como una enfermedad y las enfermedades se tratan con drogas.

El inglés resulta bastante pobre en ocasiones, utiliza la misma palabra "drugs" para referirse a las sustancias que alteran la conciencia y a las que tratan de resolver una enfermedad. 


A lo largo de 80 minutos el documental de Liz Canner recoge los esfuerzos de las compañías farmacéuticas no sólo porque se reconozca que la anorgasmia es una disfunción sexual femenina, sino porque se aprueben drogas para tratarla.


Drogas legales y muy caras por supuesto porque en su precio deben incluirse  la inversión publicitaria de los laboratorios para que los médicos las receten.
Es popularmente sabido que el consumo de mariguana provoca un estado de relajación en muchas mujeres que las hace ponerse de buen humor y reirse. Entonces pueden proceder a tener relaciones sexuales por el solo gusto del coito, sin preocuparse por el resultado y al no preocuparse, el orgasmo llega solo.

Y es que al contrario de lo que sucede a los hombres, que requieren determinada presión y fuerza para llenar las cavidades del pene y lograr una erección, las mujeres necesitan más de una estimulación mental. 
Si equiparamos el clítoris al pene, el espacio de las terminaciones nerviosas para el placer es mucho menor. El documental de Canner establece que esto ya lo sabían los médicos del Siglo XIX y por eso en vez de pensar en drogas, encontraron en la electricidad un maravilloso auxiliar para la histeria, esta sí una enfermedad, atribuída a la falta de desahogo sexal de las mujeres.

Orgasm.inc tiene una escena muy interesante relacionada con la evolución de estos aparatos en el Siglo XX, los vulgarmente llamados consoladores.

La angustia por la falta de orgasmos femeninos, dice la película, ha resultado un negocio de miles de millones de dólares para muchas personas. Cita el caso de las hermanas Berman, cuya exposición en televisión les permite cobrar 1,500 dólares por una consulta (casi 25 mil pesos al tipo de cambio de enero de 2016).

Por supuesto la industria farmacéutica gasta millones de pesos en consentir a los médicos con convenciones en centros turísticos para que aprueben su producto.

Hasta aquí por lo que se refiere al documental que podrán ver los suscriptores de Netflix.

La pregunta que subyace es ¿la anorgasmia es o no una enfermedad?

Para empezar ¿a qué definimos como una enfermedad? A la ausencia de bienestar físico o mental. En ese sentido, pues si. Si la ausencia de orgasmos nos provoca estar fuera de la zona de bienestar, pues sí, es una enfermedad.

Pero desde otro punto de vista, el del desaparecido doctor Alberto Rish, uno de los primeros médicos  en estudiar integralmente la sexualidad humana en México, la anorgasmia no es en sí misma una enfermedad, sino síntoma de otras enfermedades.

¿De cuáles? De las más diversas, desde traumas mentales a consecuencia de un abuso sexual, hasta infecciones, parásitos, diabetes o problemas neuronales.

Esta es una de las tesis que desarrolla el documental , aunque no concluya. La anorgasmia femenina es un problema, sí, pero en muchos casos requiere de  multidisciplinaria atención médica para tratarla. No siempre bastará con una pastilla que aumente la irrigación sanguínea para tratarla.

En Orgasm.Inc se trata también el tema de las operaciones vaginales. Una cuestión estética para aparentar lo que no existe, una vagina virgen, o al menos adolescente; pero cuyos riesgos de hemorragias incontrolables son mortales.

Dice Peter Greenaway que sólo hay dos temas imprescindibles en el cine, el sexo y la muerte. Orgasm.inc es una película a ver sin falta para quien tenga relaciones sexuales y para quien no haya podido y quiera conocer el placer de un orgasmo antes de morir.

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