Spectre


Un plano secuencia que incluye la entrada y la salida al elevador del Gran Hotel de la Ciudad de México y quizá la mejor animación en los créditos de inicio en  la historia de las alrededor de 24 películas de James Bond, hasta 2015, hacen que valga la pena ver Spectre.

Lo malo que tiene la película es que si en las primeras estaba muy visto que los villanos eran una parodia, en esta se toman muy en serio a personajes inverosímiles como Blofeld interpretado por Christoph Waltz, quien si era un nazi maniqueo en Bastardos sin Gloria, bastante simpático, aquí es malo entre los malos solo porque necesitaban un antagonista.

En la serie Bond, siempre se han expuesto villanos que reflejan las preocupaciones del momento, la carrera espacial, el dominio de los mares, de los medios de comunicación o del opio, pero en Spectre se presentan reuniones de mafias a las que acuden cientos de villanos para decidir sobre el control de medicinas para el Sida o la trata de personas. Si el crimen organizado actuara en esas dimensiones, cualquier estado serio podría deshacerse de todos los malos del mundo con sólo accionar un dron, pero las cosas no son tan fáciles.

Hay escenas Bond típicas, como aquellas en las que se enfrenta a docenas de malos, pero en las películas anteriores solía tener apoyo de la Marina Británica o hasta de los marines; en esta ocasión el se tiene que enfrentar a todos casi solo, lo que a lo mejor vale en un videojuego o en una película de parodia, pero no en una en que  que se pretende que las cosas van en serio.

Con todo Daniel Craig, luce. Sus infaltables compañeras sexuales, esta vez interpretadas por Lea Seidoux y Mónica Belucci, agradan a la audiencia que aprecia la belleza femenina y Ralph Fiennes, como M y Ben Whishaw como Q, dirigidos por Sam Mendes, completan la tradición de los elencos de la marca Bond.

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